Pensamiento lateral
Débora, una amiga querida, me enseñó lo que significaba este concepto. Lo desconocía, pero me he dado cuenta de que a veces lo utilizo para mi asombro. La definición de la técnica del pensamiento lateral es la resolución de problemas utilizando un enfoque indirecto o creativo, generalmente viendo el problema desde una perspectiva nueva e inusual. Desarrollado por el inventor maltés Edward de Bono en la década de los 60, es un enfoque filosófico que cultiva la conciencia y la preferencia por soluciones de problemas inesperadas y listas para usar.
Un ejemplo clásico de pensamiento lateral es el siguiente acertijo: “Un hombre entra en un bar y le pide al camarero un vaso de agua, que en cambio saca una pistola y apunta al hombre. El hombre agradece al camarero y sale.”
¿Por qué el hombre agradeció al camarero? Si pasas un poco de tiempo reflexionando sobre la situación y haciéndote preguntas acerca de diferentes partes de la historia, la respuesta se vuelve clara: el hombre tenía hipo, y como el camarero le consigue asustar, el hipo del hombre desaparece, por lo que ya no necesita el agua. Sin embargo, no hay forma de llegar a esa respuesta, si no se analiza todo lo sucedido más a fondo, se usa la imaginación y se lee entre líneas.
Estos días he recordado un par de situaciones en las que ofrecía una visión algo distinta a dos personas que se quejaban de su situación.
Sinfonía
Cuando me independicé, pude alquilar un piso cerca de casa de mis padres. Al lado había una farmacia en la que me gustó cómo me trataban, así que empecé a acudir regularmente.
Un día al entrar, vi a una señora hablando y comentando su situación. Explicaba todas sus dolencias y malestares. Se quejaba de esto y de lo otro como un discurso contado tantas veces, que era su realidad. La dependienta la escuchaba con paciencia. En momentos así me siento dividido, por una parte, veo queja sobre queja y me carga, pero por otra entiendo que la persona esté cansada o que no vea más allá de lo que esta sociedad en general nos ha enseñado y nos muestra. Hubo un momento en que la señora dijo: –¡hay hija, es que tengo tantas teclas! – Entonces se me ocurrió decirle: – Pues con muchas teclas se puede componer una gran sinfonía. – Me miró con cara de asombro y me dijo: – ¿sabes que tienes razón? Mejor dejar de quejarse y sacar lo positivo de las situaciones… –
Ahora que lo pienso fríamente, no sé si entré donde no debía, pero creo que funcionó porque la señora me lo agradeció con otra cara.
Pasaporte
Un día viniendo hacia casa, vi delante de mí una chica muy guapa, con buen tipo. Era verano y me gustaba la ropa que llevaba. Cuando fui a adelantarla con mi silla me di cuenta de que la conocía, era una vecina de mis padres. La saludé y le dije que venía mirándola desde atrás diciendo para mí: ¡qué chica más guapa! Ya no es una niña, ni una adolescente, pero es una mujer muy atractiva. Se sintió alagada.
Mientras caminábamos hablábamos y me comentó que venía de renovar su pasaporte porque lo había extraviado, no lo encontraba. Se quejaba de que la fecha de caducidad era la del anterior y no le expedían uno nuevo porque no había caducado ni había sido robado. El caso es que había mucha queja en sus palabras. En un momento comentamos el hecho de que quizá cuando llegara a casa encontraría el anterior enseguida. Entonces me vino de repente un pensamiento lateral, algo que no deja de sorprende y me asombra muchas veces: – Si yo lo encontrara, – le comenté – lo enmarcaría y le daría las gracias por los viajes que me ha permitido hacer. Y a este que tienes en las manos ahora le agradecería los que me quedan por disfrutar. –
Como siempre que hago comentarios de este tipo, la cara de la persona con la que hablo cambia y de repente comenta que es verdad, que es hora de dejar de quejarse y pensar de otra manera.
Continuamos caminando un rato hasta que en un cruce nos despedimos y cada uno siguió su camino.






